Samuel Beckett (Foxrock, Dublín, 1906 – París, 1989), fue un poeta y dramaturgo con una amplia y heterogénea obra literaria, siempre en búsqueda de la perfección en sus escritos, y mundialmente reconocido por sus obras dramáticas, catalogado incluso como un ser raro y que provocaba indignación (Paso, 1959: 14). Poseía una circunstancia pocas veces vista en un literato, ya que realizaba a la vez la función de autor y traductor de sus propias obras, tanto del francés al inglés, como del inglés al francés. Estuvo influido notablemente por James Joyce, del que se especuló que fue su secretario, aunque Beckett siempre lo negó. Estudió a Proust, cuya huella se percibe tanto en su poesía como en su narrativa corta, pero especialmente, en sus tres grandes novelas: Molloy (1947), Malone muere (1948) y El Innombrable (1949).

En la obra beckettiana hay ecos de san Agustín, Berkeley, Schopenhauer, Heidegger, Nietzsche, Freud, Dante, Cervantes, Calderón, Shakespeare, Pirandello, Strindberg o Chejov, entre otros. Toda una mescolanza literaria que crea una combinación en sus textos de una nueva realidad y de una insólita cotidianidad al ser humano. Todo contado desde una visión aparentemente sencilla de forma, para así acostumbrarnos a ella y verla como algo normal. Aunque en realidad algunos de sus escritos son muy profundos y antinaturales. El éxito le llegó con su primera obra dramática escrita en francés, En attendant Godot (1953), estrenada en un momento propicio para las obras antirrealistas, pues el París vanguardista de entonces era un caldo de cultivo donde los dramaturgos buscaban nuevas fórmulas estilísticas y escénicas para romper con lo establecido. Esta pieza revolucionaria, escrita en menos de cinco meses, cambió la forma de hacer y escribir teatro en el siglo XX. En ella, sus personajes principales Vladimir y Estragon, esperan a un tal Godot con el que han quedado junto a un árbol; pero este nunca llega. Mientras esperan tal acontecimiento, nada pasa, y así desesperan durante dos actos, tal y como dice una famosa reseña «Nothing happens, twice» (Mercier, 1956: 6). Mientras que para unos es un drama fantástico, para otros es un texto oscuro distanciado de la realidad, cerca de lo antiteatral. Esto hizo de Beckett uno de los literatos más difíciles de descifrar y de estudiar.

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