1. Definición

Entendemos por recepción el proceso final de la emisión de un acto de lenguaje, aquel en el que el mensaje llega al destinatario, al que llamamos receptor. Aplicado al lenguaje artístico, entendemos por recepción el proceso por el cual aquel al que destinamos la obra artística recibe la obra de arte.

Concretando ya en el ámbito escénico y teatral, entendemos por recepción el proceso por el que el espectador recibe, decodifica y dota de significado lo que recibe desde la escenificación.  Las formas en las que el espectador lleva a cabo este proceso son diversas y pueden apoyarse en mayor o menor medida en numerosos factores, que dependen no solo del tipo de espectáculo ante el que se halle sino también de determinados factores culturales, estéticos, sociológicos o psicológicos. El estudio de la recepción es una de las fases fundamentales del análisis del espectáculo.

Pavis define el término como “la forma en el [el espectador] utiliza los materiales suministrados por el escenario para convertirlos en una experiencia estética” (Pavis, 1998: 383) distinguiendo entre el estudio de la recepción de una obra (en una época, o por un determinado público) y proceso mental, intelectual y emotivo del espectador cuando recibe la obra artística (idem). Esta distinción es fundamental para poder comprender que el término recepción puede ser fruto de estudio desde varios parámetros, y que el paso inicial para su estudio es el análisis de la escenificación.

2. Historia del término.

Un recorrido diacrónico sobre la recepción nos lleva al origen de la dramaturgia occidental y al término catarsis, entendida esta como el sentido final de la escenificación, el objetivo último en el que se ve implicado el espectador. En efecto, según la Poética aristotélica, la catarsis es un proceso individual que se da en el ejercicio -colectivo- de la expectación; para que se produzca, el espectador debe contemplar las acciones que se producen -mimesis- en la escena desde la ordenación de las mismas -fábula-; estas acciones deben llevarse a cabo por un héroe que no sea en exceso negativo ni en exceso positivo, para poder alcanzar los términos deseables de piedad y compasión que deben darse para que esa catarsi