La plástica escénica es la disciplina referente a los grupos sígnicos visuales de la comunicación escénica, en particular: escenografía, iluminación, videoescena, caracterización y vestuario, así como los cuerpos en escena y también el diseño gráfico. No incluye la interpretación actoral, pues, aunque la vista es uno de los sentidos por medio de los que se percibe, merece una consideración independiente por su complejidad (Pavis, 2018: 82-83). Sin embargo, cualidades como la forma, el movimiento y la posición de los actores forman parte de la composición escénica. Por tanto, un eventual análisis plástico podría excluir al actor en tanto que intérprete, pero no en tanto que cuerpo en el espacio. Por otro lado, el diseño gráfico no comparte la temporalidad del hecho escénico, pero contribuye a la comunicación visual. Por tanto, se integra en el espacio mental del espectador, que según Martínez (2018) es uno de los sentidos de espacio escénico* —además de como lugar físico de la escenificación o como edificio teatral—.

En definitiva, la plástica escénica es el carácter visual del espacio escénico en sus sentidos físico y comunicativo. Por tanto, está compuesta por los elementos de significación escénica no emitidos por la interpretación actoral y perceptibles por la vista en el espacio escénico.

Dado que los signos funcionan siempre dentro de un sistema, interrelacionándose con otros y no de manera aislada (Fischer-Lichte, 2011: 15), el diseño de cada elemento escénico debe ser consistente con el de los demás a través de una lógica concreta, la cual Martínez (2017: 59) denomina estrategia estético-estilística. Conforme a ella los diseñadores plásticos —escenógrafos, iluminadores, c