Hablar del Live Art es hablar de la historia del arte de la perfomance o Performance Art. Para RoseLee Goldberg (Battcock y Nickas, 2010) la performance se resiste a una definición precisa o fácil. Su esencia es el mestizaje entre las distintas artes y su común denominador es la creación de un arte vivo (live art) frente a una audiencia. El artista toma la decisión de salir de su estudio y ejecuta (to perform) su obra en vivo. Así, el público, percibe un rasgo fundamental de la performance: la presencia del artista. La performance podrá ser, al mismo tiempo, seria y entretenida, lúdica y satírica. El mundo del arte queda en tela de juicio, desmitificado: ese es el juego del performer. Cada vez que un artista crea una nueva performance redefine las reglas del género mediante la sucesión de una serie de eventos totalmente inesperados. ¿Su objetivo? Desafiar el sentido de la percepción del espectador.

Una breve historia del término

En el siglo XX una serie de músicos, poetas, bailarines y artistas plásticos buscaron romper con las categorías estéticas imperantes y marcaron nuevas direcciones para la historia del arte. Las primeras performances futuristas fueron más propaganda y manifiesto que producción en sí. Su líder fue el poeta Filippo Tommaso Marinetti. El manifiesto futurista se publicó en 1909 en el diario Le Figaro, de París. El dramaturgo Alfred Jarry fue una de sus primeras influencias. Los futuristas pasaron del lienzo a la performance para hacer llegar a la audiencia sus ideas de la forma más directa. El artista podía ser, al mismo tiempo, poeta, pintor y performer.
Entre estos precursores del arte de la acción y el público solían darse peleas que acababan con la intervención de la policía. Las composiciones de Satie y Debussy acompañaban algunas de estas actuaciones. Paralelamente, los futuristas rusos publicaron su manifiesto Una bofetada en la cara del buen gusto (1912). Mayakovsky proclamaba la necesidad de liberar al arte, y a todos los ámbitos de la cultura, de sus convencionalismos, mientras que Malevich diseñaba decorados cubistas para sus tragedias y óperas. ‘¡Producción de arte!’ fue el grito de guerra de los constructivistas rusos. Los pinceles y la pintura se cambiaban por el espacio y los materiales reales. El circo, el music-hall, el teatro, el método Dalcroze (eurhythmics), las técnicas de Laban, el teatro japonés