La Filosofía del Teatro es una rama de la Filosofía del Arte. Su objeto consiste en pensar sobre el teatro desde varias perspectivas: ontológica —qué es el teatro—; epistemológica —cómo es el teatro y qué tipo de conocimiento ofrece—; teleológica —para qué es el teatro o cuál es su fin—; institucional —quién decide, en su caso, qué es teatro y qué no lo es—; axiológica —qué valor tiene el teatro y para quién lo tiene—. Comparten, por lo tanto, un mismo programa filosófico, consistente en arrojar razones que permitan comprender, explicar y, en su caso, fundar teóricamente la práctica artística, teatral en particular.
Los límites de la Filosofía del Arte y la Filosofía del Teatro, desde un punto de vista extensional, son distintos. En primer lugar, porque el rango de objetos y cuestiones de la Filosofía del Teatro es considerablemente más restringido que el de la Filosofía del Arte, por cuanto aquel se ocupa exclusivamente del conjunto de proposiciones, juicios y reflexiones relativos al teatro y, consecuentemente, de las cuestiones enumeradas con anterioridad, amén de otras subsidiarias; seguidamente, porque una buena parte de los conceptos y categorías utilizados en el ámbito específico de la Filosofía del Teatro son suministrados por la Filosofía del Arte, disciplina superior a cuyos propósitos se acoge.
La Filosofía del Teatro ha de hacer frente a cuatro circunstancias ciertamente singulares que condicionan su propio desarrollo. En primer lugar, es preciso tener en cuenta el carácter irreductiblemente efímero de toda realización escénica. Esta condición definit