El teatro del absurdo es un género dramático no realista que surge a mediados del siglo XX, como una corriente en contra del propio teatro naturalista anterior. Los escritores del teatro del absurdo modificaron las estructuras tradicionales y las normas formales reducían el lenguaje de los personajes a una mera conversación sin ningún sentido aparente en la que los protagonistas no estaban claramente definidos y sus destinos como actantes teatrales estaban delimitados por lo imprevisible, alejados de una realidad conocible. En las fábulas del teatro del absurdo se ponía en foco en las paradojas de las situaciones de los personajes, en las ambigüedades de lo que se estaba diciendo y en los propios contrasentidos entre el lenguaje corporal y el verbal. Todo un discurso a través de frases y oraciones incoherentes que trasmitía una comunicación distinta y bajo un prisma no naturalista.

En la década de los años cincuenta del pasado siglo Europa mostraba un panorama dramático y desolador, donde el hambre, la miseria o la destrucción ponían en duda cualquier concepto esperanzador. Tras ese duro golpe, filósofos, poetas y otros gremios artísticos desconfiaron directamente de la propia conciencia humana, reaccionando ante esa situación mostrando en sus obras a seres humanos golpeados y mutilados. Las diversas vanguardias empezaron a manifestarse con mucha fuerza en un breve periodo de tiempo. El teatro del absurdo fue un término acuñado por Martin Esslin haciendo un completo estudio y análisis en su libro homónimo The theatre of the absurd escrito en 1961. Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Arthur Adamov y Jean Genet, son los integrantes del llamado canon de Esslin, los dramaturgos del teatro del absurdo (Esslin, 1966: 15). Es este un estilo teatral único por ser capaz de manifestar con cierta claridad la sensación de soledad e incertidumbre que rodeaba al hombre, además de hacer real aquello que no lo era. La visión del hombre era siempre la misma; un ser humano totalmente descarnado y que parte del ensayo de 1942 de Camus, Le mythe de Sisyphe, en el que el autor «analiza la angustia vital del hombre desde el punto de vista del absurdo» (Belmonte y Burgueño, 2006: 104)