Deconstrucción.  El concepto de deconstrucción sobrepasa los límites de la escritura dramática o la escenificación, y aquí se realiza solo desde esta realidad.  En un texto o en una propuesta escénica, la deconstrucción combina materiales de procedencia muy diversa (textos teatrales canónicos, abiertos a experiencias del propio creador, textos propios, acontecimientos sociales, fenómenos de la naturaleza, estilos, signos*, elementos constitutivos del espacio escénico, etc) presentándolos de una forma ni sistemática, ni causal, para conseguir un resultado final abierto (sea en el texto o espectáculo), de una manera aparentemente inacabada. En su conjunto, la deconstrucción posee un carácter polisémico*, anulando lo que hasta hace no mucho tiempo definía la obra de arte: interpretación única, limitada, de significado indiscutible, correcta  y contrastada de acuerdo a unos cánones.

La desconstrucción en teatro puede referirse a una propuesta escénica que parte de un texto canónico, que se realiza y reformula sobre el escenario en el proceso de la escenificación (Hamlet dreams, dirigido por Zholdak); así como a un texto escrito, fijado en su escritura, que parte de un texto fuente reconocido como tal, del que se muestran las contradicciones internas, se hacen múltiples lecturas o se proponen  interpretaciones mutantes, influidas por nuevas realidades. El nuevo texto presta atención parcialmente a temas, personajes, o conflictos del hipotexto*, utilizando el material original, respetando en mayor o menor medida las relaciones entre los personajes, buscando analogías, cambiando la estructura teatral, etc, y siempre filtrando (el texto) por la subjetividad del dramaturgo (Hamletmachine de Müller).

De este modo, la deconstrucción escapa a “una interpretación última, limitada, concreta, contrastada, anclada en un significado indiscutible” (Pavis, 2014: 60); y conlleva dos operaciones: desmontar el texto fuente para después ensamblar elementos del texto original con otr