El conflicto dramático es un elemento básico de la obra teatral que genera la evolución de la acción*. Este se produce cuando un sujeto se enfrenta con otro sujeto para lograr su objetivo.

Sarrazac sintetiza algunas de las principales interpretaciones de este concepto si bien señala que Aristóteles no indica nada en la Poética ya que considera la peripecia* como la esencia de lo trágico (Sarrazac, 2013, p. 57). Muy al contrario, destaca la teoría de Hegel que ‘privilegia la confrontación’ de los personajes ‘como motor de la historia trágica’ (Sarrazac, 2013, p. 58). Por último, Sarrazac inserta a Szondi para cuestionar los postulados hegelianos. El conflicto dramático no es exclusivo de la ‘dialéctica interpersonal’ (Szondi, 1994, p. 22) debido a que también se encuentra en la confrontación de ‘grupos, clases sociales o naciones en guerra’ (Sarrazac, 2013, p. 59).

En la actualidad, José Luis Alonso de Santos identifica el conflicto dramático con las ‘fuerzas opuestas encarnadas por personajes antagónicos’ (Alonso de Santos, 1999, p. 407), que son ‘unos personajes que evolucionan en función de que esté consiguiendo, o no, sus deseos’ (Alonso de Santos, 2012, p. 69). Así mismo, establece los tipos de conflictos: ‘conflicto interior’, ‘conflicto por la relación’, ‘conflicto de situación’, ‘conflicto social’ y ‘conflicto sobrenatural’ (Alonso de Santos, 2012, p. 77-82). No obstante, Patrice Pavis formula una definición del concepto más en la línea de Szondi puesto que no solo concreta cada ‘sujeto’ del conflicto con el personaje dramático, sino que ‘enfrenta a dos o más personajes, dos o más visiones del mundo, o varias actitudes frente a una misma situación’ (Pavis, 1998,
p. 90).

La escritura teatral y escénica contemporánea cuestiona la vigencia del conflicto dramático. Pavis sostiene que únicamente se muestra en ‘una dramaturgia de la acción (forma cerrada)’ y que no existe el conflicto dramático en el teatro épico e incluso en el teatro asiático (Pavis, 1998, p. 91). Por el contrario, Sarrazac defiende que ‘continúa nutriéndose de tensiones, de oposiciones y/o de luchas’ (Sarrazac, 2013, p. 57). En definitiva, no es posible afirmar categóricamente la desaparición del conflicto dramático en el teatro contemporáneo porque, por ejemplo, en el uso de la violencia en la puesta en escena actual se refleja con contundencia la confrontación entre ‘sujetos’.

Por todo ello, para la creación de un texto teatral, análisis y escenificación resulta esencial la determinación de los conflictos dramáticos. Algunos mecanismos utilizados a la hora de plantear el conflicto y su resolución dependen del tipo de dramaturgia. En la dramaturgia clásica aristotélica, el conflicto pude iniciarse durante la obra o incluso antes de la misma, como es el caso de Edipo rey de
Sófocles, y su resolución debe realizarse antes del desenlace. En la dramaturgia de forma abierta, el conflicto se direcciona hacia el receptor sin resolución. Tal es el caso de