El teatro y el cine son dos medios de expresión artística cuya misión esencial es la plasmación de un conflicto dramático a través de un lenguaje que, en muchas ocasiones, posee diferente origen. A lo largo del siguiente texto se van a enumerar las diferencias básicas que existen entre uno y otro medio. La más clara está relacionada con la palabra, pues otorga al teatro un dominio del lenguaje verbal mucho más profuso que en el cine. En relación con el lenguaje cinematográfico suele decirse que aquel guión que pueda entenderse a través de los diálogos es un mal libreto porque está impidiendo que la imagen que muestra la pantalla sea la que transmita el conflicto de la historia.
Los guionistas, según el teórico del guión McKee (2003), al igual que los autores de teatro, juegan a situar sus personajes ante tres posibles niveles de conflicto, fuera de los cuales no existen más mecanismos que ayuden a la transformación o la evolución de los mismos: el conflicto interior, el conflicto personal y el conflicto extrapersonal. Si dichos niveles de conflicto se toman por separado y se aplican sobre los tres medios de expresión artística a los que puede recurrirse para desarrollar una historia se obtiene, como resultado, que el medio que mejor representa el conflicto interno es la novela, donde la voz del narrador se antoja imprescindible y recurrente en casi todas las historias, porque a través de ella se profundiza en la psicología del individuo; el teatro, en su caso, refleja a la perfección el conflicto personal, ya que el conflicto surge de la lucha de dos o varios personajes por lograr un objetivo e históricamente esa dialéctica siempre se ha conseguido a través de del uso de la palabra hablada; y, por último, no existe ningún arte mejor que