La catarsis es una descarga de emociones provocada por una experiencia estética. Aristóteles la identifica en su Poética con la finalidad de la tragedia motivada por la acción teatral de la fábula “que mediante compasión y temor lleva a cabo la purgación de tales afecciones”. (Aristóteles, 1999, p. 145) En su Política la relaciona con un elemento de la puesta en escena, “la música” que “debe practicarse (…) con vistas a la purificación (…) y alivio acompañado de placer”. (Aristóteles, 1988, p. 474-475)

Sin embargo, a lo largo de la historia se presenta falta de unidad a la hora de establecer el concepto de catarsis1. Patrice Pavis (1998) realiza un recorrido de “la historia de las interpretaciones del término” (p. 65-66) desde el Renacimiento hasta la actualidad. Este señala que desde el  siglo XV a la Ilustración “una concepción cristiana se inclina por una visión más bien negativa”, valoración que ejemplifica con Corneille y Rousseau. Si bien indica que desde la segunda mitad del siglo XVIII y el drama burgués se busca una estabilización del concepto, “un justo medio (…) entre los extremos de la piedad y el terror”, igualmente menciona a Schiller, Goethe y Nietzsche para desarrollar cómo “los exegetas de finales del siglo XVIII y del XIX intentarán a veces definirla en términos de forma armoniosa”. Por otra parte, a Bertolt Brecht lo expone en el extremo, dentro de “la alienación ideológica del espectador” de los textos dramáticos aristotélicos y su naturaleza “antihistórica de los personajes”. En otra vertiente, en el diccionario dirigido por Jean-Pierre Sarrazac (2013), Léxico del drama moderno y contemporáneo, el temor de la catarsis se vincula a la forma con la que Brecht enseña “al espectador a tener miedo, para mejor dominar el miedo”. (p. 45) Finalmente, Patrice Pavis concluye que en la actualidad la disertación sobre la catarsis admite una “visión mucho más matizada y dialéctica”. (Pavis, 1998, p. 66)

Sarrazac profundiza en la definición del término (Sarrazac, 2013, p. 45-47) con ejemplos de la dramaturgia y la puesta en escena actual, incidiendo en la relación brechtiana de los beneficios que reporta la recepción del miedo. Del