El actante es quien interpreta actoral y hermenéuticamente el teatro posmoderno. Es el responsable de la actualización de la idea dramática. La interpretación tiene un destacado carácter creativo. Ejemplos significativos de actante pueden verse en Soy sangre, de Jan Fabre, y Hate radio, de Milo Rau. Ambos distinguen claramente entre los actantes y las voces (personajes).

El término actante ha cambiado de significado en el teatro actual. Se pueden distinguir cuatro etapas distintas: la sintáctica, la narrativa, la semiótica y la interpretativa. Su origen se encuentra en la sintaxis estructural de Tesnière. Más adelante, Vladimir Propp crea el modelo actancial de los cuentos rusos. Después, Greimas lo aplica a la semiótica estructural. Y, por último, hoy lo trasladamos al que pone en acto una idea dramática.

La secuencia de evolución, yendo de la concreción individual a la abstracción conceptual, sería: hermeneuta, actor, personaje, actante. Es decir, el concepto actante, que nació para comunicar una función, ha acabado poniendo nombre al que realiza dicha función. Como dicen Marchese y Forradellas (1986: 14): «los papeles actanciales se semantizan en papeles temáticos y éstos se encarnan en la indefinida fenomenología de los actores o personajes».

En la etapa justo anterior a esta del teatro posmoderno, los actantes se definían por sus funciones: «un sujeto, en principio no abstracto, sino concreto e individualizado, va en busca de un objeto; en esa búsqueda encuentra auxiliares, los ayudantes, y también adversarios, los oponentes» (Ubersfeld 2002: 13). De esta forma quedaba unida la función y la acción en el código actancial. El problema del actante según el modelo semiótico es que era aplicable solo a la dramaturgia occidental clásica (Pavis 1998: 30) y suponía una visión un tanto estática y mecanicista de las obras dramáticas.

De ahí que en el teatro posmoderno se vuelva a recuperar el término para poner nombre a lo que desvela las acciones y el carácter sígnico del cuerpo, porque ya no hay hermeneutas, ni personajes, ni actores. No hay hermeneutas porque no son puente entre la obra y el público. No son personajes porque no existen en la obra. No son actores pues no hay papeles que representar. Las abstracciones (emociones, ideas, etc.) se hacen ostensibles antropomórficamente en el teatro posmoderno. El particular proceso discursivo del teatro posmoderno elimina la individualidad y la posibilidad de una interpretación unívoca.

El teatro pos